viernes 23 de febrero de 2007



¿Quién no conoce algún remedio casero? ¿Quién no se ha revelado contra la autoridad (aunque haya sido en secreto)? ¿Quién no ha tenido problemillas con los vecinos? ¿Quién no ha tenido alguna idea “diferente” y le han mirado como si fuera un bicho raro? ¿Quién no ha tenido un presentimiento que luego se ha cumplido? ¿Quién no ha formado parte de una coincidencia? ¿Quién no ha despertado envidias cuando las cosas le han ido bien? ¿Quién no se ha visto “perseguido” por sus ideas? En la actualidad, todas estas cosas reciben nombres diferentes y forman parte de nuestra vida cotidiana. Pero en la Edad Media y en el periodo colonial americano todas estas circunstancias (sobre todo encarnadas en una mujer, aunque los hombres tampoco se libraron) se englobaban bajo un mismo nombre: BRUJERÍA.